II. Los alrededores de Michichito y sus preguntas.

El gatito Quique, feliz él, aumentando su mente y su poder, decidió salir una tarde de Febrero a investigar alrededores de Harinas.

La incertidumbre de los días le producía un misterioso placer a su mente.

Se abotonó su camisa blanca, sacó a Lori de su jaula y caminaron al lugar donde los árboles estaban creando un laberinto de madera.

Empezaba a coger forma. Eran enormes esos tubos de madera.

El gatito Quique le preguntó a Lori:

-¿Te atreves a indagar? Existe la posibilidad de que nos quedemos atrapados sin encontrar la salida ya que parece ser un laberinto.

Lori, cual travieso pájaro, se le erizó todo el plumaje de la excitación a hacer travesuras.

No tenían miedo ninguno de los dos.

A Quique se le ocurrió la gran idea de ponerles nombres a los tubos oscuros, más que nombres, preguntas que empezaban ¿por qué…? y ¿para qué…?

Lori aplicó su nuevo poder.

Con su pico abierto transformaba su silbido en luz.

Sin más preámbulo y sin miedo, se adentraron en el primer tubo. Era recto.

Lori silbó el principio de la canción ‘Floridada’ y las notas se postraron en las alturas de ese tubo creando luz.

Quique, rascándose con su garra izquierda el trasero y con la garra derecha el cerebro, quiso poner dos preguntas a ese primer tubo. Era la entrada y salida al laberinto.

Cogió una piedra blanca que pintaba y las apuntó en ese primer tubo.

¿Estoy haciendo todos los días algo para que hoy sea especial?

¿Para qué tiene poder nuestra mente?

Caminando y volando un buen rato, se encontraron con una bifurcación. Un tubo a la derecha y otro a la izquierda.

Se lo jugaron a pares o nones. Ganó el tubo derecho.

De nuevo, Lori empezó a silbar la canción de ‘Eve of destruction’ y las notas alumbraron este tubo que parecía tener una curva a lo lejos.

Llegaron a esa curva y se encontraron con Roborowsky, tenía pelo en las patas y estaba sentado al lado de una montañita de cáscaras de pipas.

Era un robot mitad ratón.

Se sentaron con él.

Mientras Roborowsky y Lori merendaban un surtido de quicos, pipas y nueces, Quique se sacó de la manga un vaso de leche con galletas y un sandwich de jamón york y quesitos.

No me preguntéis cómo. Su mente era poderosa y todo lo proyectaba. “Creer para ver”.

En la próxima carta mandada a mi sobrino a España, veremos las preguntas que ponen a los tubos y conoceremos el poder de Roborowsky. “Paciencia más allá de la paciencia”.

CONTINUARÁ…

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