III. La ventana de Roborowsky.

¡Hello! ¡Good afternoon!

Era ultra raro Roborowsky. Pero raro, raro, raro este personaje. Era un robot con pelos y patas de ratoncillo. Medía un metro justo. Era sabio y sabía nutrir su mente de placer. Se amaba mucho a él mismo. No se juzgaba por nada.

Le encantaba ser él y le gustaba inventar.

Una de las cosas que creó fue una ventana con dos llaves, una para cada cosa.

A una llave la llamó ‘la moderna’ y a la otra ‘la antigua’.

No era una ventana normal y corriente, era una ventana teletransportadora, depende de la llave que uses, te llevaba al pasado o al futuro.

Quique y Lori quedaron maravillados por la creación de Roborowsky.

Éste les preguntó si querían ver una demostración de su obra de arte. Gritaron rápidamente un ¡Sííííí!

La nota del sí, mágicamente subió y se enganchó al techo alumbrando todo el laberinto.

Desde lejos, la gatita Sara llegó a ver esa luz.

Roborowsky dio a cada uno una llave, a Lori ‘la moderna’ y al gatito Quique ‘la antigua’. Podían elegir y experimentar las dos.

Las llaves abrían dos ventanas y en cada una de ellas podías probar energías generadas que provenían de la mente consciente.

Dispuestos a esa experiencia, los puso a cada uno en su sitio y con llave en garra y pata, se adentraron a la vez.

La palabra sentir retumbó en los corazones de Lori, Quique y Roborowsky.

Era la gatita Sara desde lejos, aunque a la vez muy cerca.

Era una conexión extrasensorial.

Empezaban a sentirla.

Observaron que tenían un número en la ventana. Distintos.

La ventana de Quique era Dorada con el número cinco.

La de Lori era plateada con el número tres.

¡Todo un enigma para sus mentes!

Intentaron insertar la llave, pero no entraba.

Decidieron guardársela detrás de la oreja y entre una alita para otra posible cerradura.

Se encontraron con una sala minimalista. Era grande. Tenía chimenea, una cama, un vestidor y un frigorífico con mucha luz.

Ahí encontraron la cerradura donde las llaves encajaban.

Una nube muy cómoda en e centro de cada sala les invitaba a sentarse y a trabajar el sentir.

Lo hicieron.

Pasaron dos horas y para ellos fue como veinte minutos.

Se levantaron y probaron la llave que abría el frigorífico. Dos luces cegadoras los dejó sorprendidos.

CONTINUARÁ…

En la próxima carta conoceremos el interior del frigorífico de Quique y Lori. Se lo contarán todo a Roborowsky.

También averiguaremos las nuevas experiencias de la gatita Sara.

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