VI. El brazalete.

Seguían sentados en los puffs. La tortu preparó más té. Conversando se sentían a gusto. El humano quiso contarle lo que le sucedió esa mañana. Le explicó como había escuchado los silbidos de la pantera Sara y la abeja reina. Al no tener letra esa música hizo que pudiese introducirse en él. Esas notas lo invitaron a profundizar en su sentir.

¡Música sin letras! -Redescubro.

Me dibujé para ese día en el pie izquierdo una libélula. Me encontré con una en un río y fue algo estrambótico. Cruzamos miradas la libélula y yo por diez segundos, cuando de repente, esas bonitas alas comenzaron a recorrer un camino. La seguí.

Incrustados en ese sendero me tropecé con algo de metal que sobresalía del suelo. Escarbé en la tierra y lo saqué. Era una caja que dentro tenía un brazalete. Me sorprendió tanto que me lo puse. Quedé patitieso con la energía que sintió todo mi cuerpo, hasta mi esqueleto sonrió en un escalofrío nunca antes sentido.

Subí a la libélula al caballito.

El brazalete parecía ser que tuviese energía de unión. Mientras paseábamos por el sendero, cuando la libélula aleteaba, me elevaba.

Entre pasos por la tierra y aleteos por donde vuelan los libres, tuvimos una conversación.

-Soy multimillonaria y leyenda. -Le decía.

-¿Enserio, en qué has tragozado para conseguirlo? -preguntó la libélula.

-En mí, he conseguido batir mi cerebro y corazón como para hacer una tortilla francesa. Corazón-cerebro, corazón-cerebro, observar mis pensamientos limitantes y cambiarlos, transformar palabras, sentir que todo es posible y experimentarlo. Es doblar el infinito, vamos. -contestó el humano.

-¿Es el mejor tragozo que existe? -preguntó la voz libélula.

-Si después de indagar en lo más profundo y tocas tu hobby, lo haces parte de tu vida cotidiana y le das un uso, ahí has encontrado el diamante perfecto que habita en ti. -le contesté.

-¿Tienes hambre? -Volvió a preguntar la libre.

¡Ahí tienes un manzano! -Exclamó en energía viva.

Nos paramos bajo el grandioso y sano árbol. Nos dedicamos un momento a disfrutar de unas deliciosas manzanas.

La tortu escuchaba al humano con atención. Cobraba sentido esa situación que le contó. Esa conversación… lo estaba aplicando ella en su vida. Lentamente, los sucesos que ocurrían en su casa de chuches, alimentaban sabiduría, conocer, descubrir, experimentar y despertar rincones dormidos en su interior.

-Todo un placer haberte conocido, gracias por aparecer en mi camino. Ha sido un encuentro agradable. El té riquísimo. (El humano, se despidió en una danza de abrazo a la tortu y se marchó, siguió caminando, despertando).

CONTINUARÁ…

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