VIII. Coleccionistas de transformaciones.

-¡Pero Quique, que transformación! -Exclamaron Sara y el humano.

-¿Qué os parece? – Les contestó orgulloso.

Se había convertido en un científico tiburón. Lori seguía siendo su acompañante, ahora biólogo. Se construyó una casa en las alturas de un árbol, cerca del mar donde se acercaba el científico Quique a charlar con él cuando investigaba y recogía descubrimientos.

Colegas entre aire y agua.

Unos días antes del reencuentro celebraron la transformación de Sara, en Reino Unido y Luces. Decoraron ese bosque. Todos silbaban sus canciones creadas y llenaron con notas de luz a Gaia. Ésta les regaló flores de infinitos colores dejando la decoración mundialmente y brutalmente espectacular.

¡Qué diamante!

Lo pasaron pipas y gusanitos en esa celebración.

Números, animalitos, plantas, humanos creadores, pintores, músicos, artistas, magos, Todo… danzaron al son de canciones.

Guardaron ese día en el baúl de los recuerdos llamativos.

Después de esa gran fiesta decidieron visitar Harinas. Tenían muchas ganas de conocer de las investigaciones, movimientos y transformaciones de Quique, Lori y Roborowsky.

Se presentaron sin avisar, de sorpresa, como les gustaba hacerlo.

Todos sorprendidos por las transformaciones.

Parecía ser que el disfrute de los 40 días de Quique y Lori en sus creaciones habían unido de alguna forma al multiverso.

El primero en mostrar quiso ser el tiburón científico Quique. Desde la orilla del mar, donde podía mantenerse, les contó sus fórmulas y ecuaciones.

¡Sobresalían del 10! ¡Doblaban el infinito!

Durante ese tiempo había estudiado codo con codo con el Rey del mar.

El biólogo Lorito construyó su casa en un árbol cerca de donde podía avistar el científico Quique.

Lori estudió aspectos a nivel genético, filosófico, ecológico y un gran etcétera.

Les mostró sus colecciones.

El psicólogo y psiquiatra Roborowsky les invitó a su nueva construcción. Estaba en el fondo del mar.

Les enseño la técnica de respiración acuática a Sara y al humano.

-¡Yo os espero aquí! – Dijo Lori.

El tiburón y Roborowsky habían estado pasado tiempo juntos. Construyeron un camino bajo el mar. ¡Era divertido!

Construyeron una forma para comunicarse en el silencio.

Un día, descubrieron una arena distinta, entre algas submarinas. Había un agujero, se adentraron y aparecieron en otro lugar en forma de humanos. Les gustaba pasar tiempo ahí.

Sus mentes perecían cobrar inspiración. Se dio cuenta Lori cuando salían a charlar con él.

¡Se volvieron coleccionistas de sus transformaciones!

CONTINUARÁ…

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